• La conciencia, ¿qué es realmente?

    La conciencia, ¿qué es realmente?

    Definir que es la conciencia no es fácil, sin embargo, si nos limitamos a considerarla desde el punto de vista fisiológico, la definición no es tan complicada. En este sentido, conciencia significa “tener conocimiento”, “saber de”, “percibir”, “darse cuenta de”. Estar consciente implica estar despierto, tener conocimiento de uno mismo y del medio; pero esta capacidad tiene dos componentes: uno perceptual y otro motor. Mediante la percepción, el sujeto extrae información del mundo externo a través de los órganos de los sentidos; el componente motor le permite prepararse para iniciar y ejecutar una acción.

    Sin embargo, hay actividades complejas y muy finas que no requieren de la conciencia; de hecho, ésta puede interferir con su ejecución precisa. Por ejemplo, el pianista que súbitamente tiene conciencia de sus dedos tocando un conjunto de arpegios puede turbarse; algo similar ocurre con otras destrezas (escribir a maquina, andar en bicicleta) y en la práctica de algunos deportes.

    En el arte de la arquería, lo importante es “no estar consciente de estar consciente”. La conciencia no está implicada necesariamente en muchos fenómenos particulares, ni en el aprendizaje de señales, habilidades y soluciones. Algunas etapas del proceso de creación artística o científica no requieren de ella.

    Una pregunta pertinente es: ¿tienen los animales conciencia?

    El sentido de tener conocimiento, darse cuenta, es claro que la conciencia es una capacidad que poseen en  algún grado los mamíferos: gatos, monos etc. Representa un avance evolutivo importante en relación con el programa estímulo-respuesta de animales inferiores. En el momento actual, se tiene certeza de la evolución biológica y no se pone en duda que los fenómenos mentales y la conducta de los seres humanos tienen precursores en los organismos inferiores. Sin embargo, en los primates y en el hombre se manifiestan en niveles más elevados y en formas más complejas.

    El termino conciencia, usado en el sentido de tener conocimiento de uno mismo, implica una capacidad de reflexión y un sentimiento de identidad en el tiempo y en el espacio. La autoconciencia es una forma elevada de conciencia que aparece en el desarrollo ontogénico y en la evolución filogenética. Es posible que la autoadvertencia esté basa en la capacidad de simbolización exclusiva del hombre.

    La conciencia como capacidad de advertencia puede tener variaciones (normales) y alteraciones (patológicas). Dentro de las primeras nos referiremos específicamente a dos: la atención y el sueño. Se define a la atención como el proceso mental mediante el cual es posible concentrar la actividad psíquica sobre un objetivo que pasa a ocupar en la conciencia el punto de mayor concentración: es decir, se enfocan de manera selectiva ciertos pasos de una situación o de una experiencia, de modo que sean relativamente más vívidos. Normalmente, la atención es flexible y fluctúa en relación con distintas circunstancias externas e internas; estas fluctuaciones varían desde la atención concentrada a la distracción.

    El sueño implica una pérdida fisiológica de la conciencia; antes de esta pérdida de conciencia se presenta una disminución de la misma, la somnolencia. El hombre duerme aproximadamente la tercera parte de su vida. El sueño constituye una función durante la cual se llevan a cabo los procesos que restituyen energia al organismo. Las alteraciones de la conciencia pueden ser: disminución que llegue a la abolición de esta función, o estados de conciencia diferentes de la vigilia y el sueño normales. En la confusión y obnubilación mental hay una disminución de la conciencia; la percepción del medio y de uno mismo es inadecuada y por lo tanto se altera la capacidad de responder a los estímulos tanto externos como internos.

    El coma es la supresión de la conciencia; por ejemplo, quien recibe un golpe en la cabeza y pierde la conciencia pierde la reactividad a los estímulos. Las alteraciones de la conciencia pueden ser producidas por agentes tóxicos, infecciosos, traumáticos, alteraciones mentales o cualquier proceso que comprometa el funcionamiento cerebral. Dentro de los estados de conciencia alterada se incluyen los estados disociativos y los automatismos.

    La disociación de la conciencia es una pérdida de la continuidad de la relación habitual entre sistemas de procesos mentales, que entonces funcionan en forma independiente. Existe cierto grado de disociación subyacente al síntoma en la histeria, y en ocasiones esta disociación se expresa únicamente en la esfera de la conciencia. En los casos de personalidades dobles o múltiples, un conjunto de contenidos mentales, actitudes y tendencias, ocupan la conciencia y dirigen la conducta sin que uno de estos estados la persona tenga advertencia de los otros.

    En el sonambulismo y en el trance, que puede recurrir espontáneamente en la histeria o ser inducido mediante la sugestión hipnótica, la disociación puede expresarse en otras formas; una de ellas es la escritura automática, que consiste en expresar por escrito ideas y sentimientos que al terminar el trance el sujeto no reconoce como propios. Los episodios de conducta automática y los automatismos  son secuencias de acciones coordinadas, de carácter estereotipado, que en una persona ejerce sin tener conocimiento de ello y que usualmente son seguidos de amnesia. Estos automatismos pueden ocurrir después de un trauma en la cabeza o como una reacción patológica a una descarga central en la epilepsia. En ciertas alteraciones del lóbulo temporal el sujeto puede presentar crisis, que consiste en conducta automática compleja, semejante a un ataque histérico. Algunas de las manifestaciones mentales de las disrítmias del lóbulo temporal consisten en visiones, audiciones y experiencias de premonición y adivinación que son propias para que el enfermo o quienes lo rodean las interpreten en términos mágicos o parapsicológicos.

    Algunas de estas experiencias son realmente dramáticas; por ejemplo, un enfermo tiene la experiencia de que su yo emigra y retorna a su cuerpo con una dotación de mayor sabiduria y es posible que ele aterrorice la idea de que su yo pudiera no regresar. Los cambios en la conciencia también pueden ser inducidos por la ingestión de algunas plantas o de sustancias sintéticas. A las primeras se ha atribuido desde tiempos remotos y en distintas culturas el poder de ampliar los límites de la conciencia individual y permitir su fusión con una conciencia cósmica.  En el caso de algunas drogas, hay quienes afirman que les dan un poder sobrenatural de entendimiento y ampliación de la conciencia, tal como lo es con personas que fuman marihuana asegurando que pueden “entender mejor”.

    Fuente.

    Fuente. R. Biblioteca de Psicología, Psiquiatría y Psicoanálisis. “Psicología Médica”. Frg. 251~253. México 2012. Ed. Fondo de Cultura Económica
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